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Los comienzos de Infancia de Chile se remontan a una temprana fascinación por la historia y geografía y, en especial, por los atlas escolares. En términos más concretos, el punto de partida tuvo lugar en 1981 durante una de las tantas visitas al anticuariado del diario Politiken, al frente de la Municipalidad de Copenhague. Ahí, que sorpresa, había un mapa de Chile de más de 300 años de antigüedad. Más sorprendente aún, el mapa se podía comprar. Eran otros tiempos, los grabados eran caros y difíciles de encontrar. Podían pasar horas de busca estéril entre anticuariados y cachureos de una nueva ciudad. Solamente los anticuariados más organizados mandaban catálogos por correo; fotocopias desteñidas con una lista sin imágenes. Los pedidos se hacían por carta. El desarrollo de las comunicaciones ha achicado el mundo. Chile no era tan conocido como hoy; una vez llegó un mapa de Chili en China, otra vez un grabado de un ají mejicano. Las demorosas y costosas transferencias bancarias eran una seria carga encima del precio del grabado. Si bien la llegada del fax facilitó las cosas en algo, la Internet sí lo cambió todo… y gran parte de la gracia de coleccionar desapareció con ella. La base económica, sueldo de funcionario estatal más pequeñas entradas como escritor, exigió una limitación en el espectro de la colección. Fue a partir de 1995 que dentro de un período definido como anterior al año 1800, se ha adquirido poco a poco lo que se podía, cuando se podía. Infancia de Chile puede con justicia describirse como un “museo del pobre, online”, cuya ventaja mayor radica en la posibilidad de renovar e incrementar su información periodicamente. Rubén Palma www.rubenpalma.dk/castellano.html
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